No he podido sacarlo de mi cuerpo,
cada vez que lo intento se arraiga más y más,
temo el hecho de que al expulsarlo se lleve consigo mi alma.
Es tu aroma que no se disipa,
ese peculiar olor de amor
que se hunde en mi carne,
que por las noches le exige a mi mente tu compañía
y por la mañana atrae el dolor de tu recuerdo...
Ha sido mi cuerpo sudando sobre tu cuerpo,
tus piernas atando mi cadera,
la tibieza de tu boca, el palpitar de tu pecho,
el incesante susurro del deseo destrozando a gritos mis oídos
es el morbo en tu sonrisa y sus manos sobre tu cuerpo lo que no soporto,
es su boca besando tu cuerpo que en otro tiempo fuese mío,
y será tu miserable cuerpo vuelto uno con el suyo
lo que me obligan a robarte con mis manos el aliento.
Desvanezco a besos tu imagen en mi memoria,
desahogo toda mi ira gritando en silencio
la nostálgica agonía que lentamente se vuelve forma de vida,
que palpita y se retuerce dentro, muy dentro en mis entrañas
me asfixia, acelera mi corazón,
exprime cada gota de sangre en mi cabeza
y tan sólo, tan sólo es una idea... una suposición
una aberración momentánea y trastornada de algún sentimiento
emoción oscura y repugnante
que ha de obligarme a entregar el deleite de tu cuerpo al ángel negro
después vendrá el reposo,
mi cuerpo se llenara de escarcha
y paulatinamente a la ceniza he de volver...
En el fondo de un mar de lágrimas
yacerás en compañía de aquel al que vendiste una noche de amor...
no he podido hacerle mejor regalo a tu mejor postor
que por el precio de una noche se llevase entera la eternidad...
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