En el desván escondo las horas,
perdidas, dolidas, frías y muertas
cual flores marchitas sobre tu féretro.
Hermosa vivías dentro de mis sueños
alimentándote de mis excitantes anhelos,
nítidos recuerdos de nuestros mutilados encuentros,
decadentes y sombríos que te aniquilaron en un momento.
Agreste quedará la Tierra,
muriendo bajo el yugo de la soledad…
Ángel de ojos verdes
ojalá a mi vida no hubieses entrado jamás;
que tus alas blancas ningún sueño volverán a surcar
y tampoco tus bellos ojos miraran a otro mortal,
tu impío hechizo te ha llevado a tu final
y la soledad de tu engaño te fue fatal.
Soledad para ambos…
Pudriéndote en una caja de madera
Pudriéndome en esa misma y antaña soledad.
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