Agotado el tiempo tiende sus tentáculos sobre mí,
el ojo en su frente le muestra de corrido lo absurdo de mi vida
y la balanza chisporroteante de luz se inclina hacia la oscuridad;
es el infinito limitado del océano de la espera
quien calma el ardor de mi memoria
mientras sin rumbo vuelan los deseos aturdidos por el sonido de tu voz.
Descansen en mí las heridas punzantes de un sinfín de libertades,
vuélquense sobre mí triste sombra ustedes mis jinetes,
que el hambre llene mi estomago con la guerra de tus santos
que enferma a los hombres con la peste cibernética
y que en mi manos se encuentre la muerte indiferente,
la muerte rica y carente, el opio de las animas;
llena la valsa del fruto cosechado irán a viajar,
pequeñas y tiernas niñas se regocijarán al llegar a su nuevo hogar,
que entre las llamas nacientes del fondo del pozo se han de quedar,
regresen a la tierra sus cuerpos ingratos y sean el sustento para el árbol celestial
y nuevos frutos han de brotar, más jugosos sean por el grave penar,
que sus lamentos arrullen a la semillas de un nuevo mar de animas.
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