Agrupadas mis lágrimas se alistan a participar en tu show,
destellantes y regordetas se aventuran al escenario de mis mejillas
mientras el telón de tu acto es de nuevo levantado
por el ciclope que todo lo ve y que nada ha de saber.
Grabado en la eternidad inmaculada de tu memoria se halla el papel de tu obra,
dictada a coro por tus ángeles y mis demonios, a gritos escupida desde el cielo y el infierno
para ser transcrita con suaves caricias en tus muslos, en mi pecho, firmando el blanco etéreo.
Se muestran alegres y firmes tus dientes frontales tras una sonrisa,
incauta mi boca se deja llevar por tu aliento y recorre un lento camino hacia la tuya,
mi lengua traviesa se desliza por tus labios, por tu barbilla, tiempo eterno,
para poder encajar una mordida detrás de tu cuello,
y mis manos adultas oprimen tu cuerpo pequeño y delgado,
un palmo con una mano mientras tu cadera es acechada y delicadamente apretada…
Cae tendido el telón sobre nuestro escenario, sobre el suelo de la pasión
entre la oscuridad escuchamos aplausos y pasamos así, unidos al segundo acto,
el acto quizá más dinámico de ésta pantomima teatral.
Desnudo te levantas y te alejas, de ironía regresas vestido
mientras yo me encuentro desvestido de fuerza y valentía,
miras directo a mis ojos, tus manos gesticulan un adiós y sin más te vas.
Una tenue luz azul, azul como la tristeza ilumina mi cuerpo en decadencia,
atraviesa mi carne y se hunde en mis huesos, impregna de nostalgia mis órganos,
no lastima mis ojos, simplemente los abre, lento, miro alrededor, vacío y oscuro
como una noche sin estrellas, con luna negra, un cielo eclipsado y pisoteado
que se convierte en el fondo de un abismo al que caigo sin remedio,
minutos después me golpeo contra el suelo, golpe seco de un bulto inanimado,
marioneta inmóvil soy, hilos de plata aseguran que se moverá…
una risa llena el aire y se cuela en los oídos del público, tu risa.
El ciclope deja escapar la cuerda del telón que cae pesado sobre el humano de madera
que yace en el escenario, se escucha un pequeño crack, algo se ha roto,
¿fue la marioneta, fue el telón? corres preocupado y me tomas entre tus brazos,
no fue ni la marioneta ni el telón, fue una lagrima de cristal
que explotó cuando de mi mejilla resbaló.
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