20091019
Estoy cansado de escuchar
el golpeteante sonido de tu voz
retumbar en mi alma,
tus resplandecientes ojos
ya no miraran tiernos
mi destrozada existencia;
secose ya la miel de tu último beso
sobre mis desgastados labios
y partidos de amargura
con amor no volverán a besar.
Vacía se quedó mi vida,
esbozando una triste sonrisa
entre la agonía de los años,
de marfil y plata
recubriré “nuestras memorias”
para no olvidarte jamás.
¡Señora eterna!
Vengo suplicante a pedirte paz,
mírame incrédula,
después has mi cabeza rodar
arranca mi corazón agusanado,
pútrido objeto
culpable del dolor
que mis ojos apagó,
aquel baúl plateado
llévalo lejos junto con él,
en caja de cristal
preséntale mi destrozado corazón.
Déjame a mí,
inquietante, frío y dispuesto
en tu hermoso templo,
¡Arráncalo de mí!
Seré tu fiel siervo,
aléjalo de mi alma,
drena todo su veneno
déjame morir
que sea una muerte rápida y misericordiosa
el último rastro de mi perdida humanidad
la cual aun posee él en sus brazos.
Estoy cansado de escuchar
el golpeteante sonido de tu voz
retumbar en mi alma,
tus resplandecientes ojos
ya no miraran tiernos
mi destrozada existencia;
secose ya la miel de tu último beso
sobre mis desgastados labios
y partidos de amargura
con amor no volverán a besar.
Vacía se quedó mi vida,
esbozando una triste sonrisa
entre la agonía de los años,
de marfil y plata
recubriré “nuestras memorias”
para no olvidarte jamás.
¡Señora eterna!
Vengo suplicante a pedirte paz,
mírame incrédula,
después has mi cabeza rodar
arranca mi corazón agusanado,
pútrido objeto
culpable del dolor
que mis ojos apagó,
aquel baúl plateado
llévalo lejos junto con él,
en caja de cristal
preséntale mi destrozado corazón.
Déjame a mí,
inquietante, frío y dispuesto
en tu hermoso templo,
¡Arráncalo de mí!
Seré tu fiel siervo,
aléjalo de mi alma,
drena todo su veneno
déjame morir
que sea una muerte rápida y misericordiosa
el último rastro de mi perdida humanidad
la cual aun posee él en sus brazos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
COMENTA QUE