El peso del tiempo cuelga sobre nuestras vidas,
el péndulo perpetuo de su marcha jamás se detendrá
y en algún momento caerá infinito sobre nuestra banalidad;
ángeles caídos, demonios lastimados, putas felices y madres tristes
son únicamente una forma alegórica de retratar nuestra cotidianidad
en el breve espacio de la palabra jamás leída… del sujeto y el predicado.
Dice mamá que mire una estrella fugaz y con fervor pida un deseo…
¿Debo pedir que regrese papá? ¿paz mundial?
hace tanto que el ver las estrellas me llena de tristeza…
el vacío que recorre mi espalda no es más que el frío de la soledad…
si, soledad… fría… cálida, depende del punto de vista…
para mi es el hielo de la eternidad desmedida…
Madre, desmiente mis palabras y hazme de nuevo tu pequeño,
aleja de mi el dolor que la razón, la moral, la sociedad y mi abuela
han dejado entrar a mi corazón…
tus brazos se pierden y se funden con los demás brazos,
tus palabras se evaporan al contacto con mis oídos,
ya no importa, nunca importó…
tu y yo pasaremos desapercibidos ante el gran ojo de la inmortalidad
que se encuentra limitado y herido gracias a la humanidad…
gracias a las TDC y al LCD…
quizá también a nuestra anémica condición moral…
Mamá… ¿Cuántos años pasarán?
¿Qué se necesita para admitir nuestra derrota?
madre… te amo y no sé qué hacer
desesperado busco tus ojos ausentes,
tu sonrisa sombría y tus brazos inflexibles
y me pierde más el no hallarte,
el rechazo, hastío, hartazgo y tu necedad…
Podría darle rostro y nombre a cada noche,
hacer de la música mi esencia, del canto mi alma,
de la danza y las artes mi vida entera
pero esa no es mi saciedad…
Estoy hambriento de carne,
sediento de amor
y famélico de humanidad…
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