Otra vez salió la Luna plena en el horizonte de nuestros sueños,
implacable lanzó su hechizo sobre los campos amargos de lo acontecido
y con una tierna sonrisa de nuevo vuelve a cautivar mi mirada lasciva.
Humedece con tu savia la sequedad de mi boca,
con tus hojas frescas acaricia la piel quemada por los años
e intenta sanarme con las semillas de tu chispeante corazón
que indolente mi pecho enfermo quizá abrace por un segundo
antes de que mis manos enfurecidas arranquen el follaje de tu cuerpo
para alimentar el fuego del deseo que arde bajo mis descalzos pies.
Alguna vez fuiste la naturaleza muerta que decoró el retablo de algún buró,
otras tantas eras las cerezas negras talladas en el dorso de mis manos,
hoy eres la viva imagen del Edén, un jardín encantado y acogedor
que mañana podría cambiar… mañana no sé qué serás…
Iré habitual a mi cama en medio del mar, soñaré con las olas que golpean mi rostro
y despertaré enmudecido por el alba juguetona que gusta de cubrir mi boca y mis ojos
con el cálido toque de la niñez hecha mujer, rayo de luz y susurro de Luna,
el recuerdo de tu vello púbico acosa mi memoria, tus piernas tensionadas sobre mis hombros,
tus labios entre abiertos y tus ojos cerrados, clavados en tus parpados de miel,
ayer recuerdo nocturno de un placer perdido y evocado,
hoy tan sólo el continuo movimiento de mi mano de arriba hacia abajo.
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